5.8.08

Cashback: Bajo la ropa está el tiempo


"Cashback" es una película que da que pensar. No es una película de pensar, o al menos no una de ésas que intentan hacerte pensar. Seguramente sólo intenta que pases un buen rato, y desplegar la batería de trucos que Sean Ellis, su joven director, tenía acumulados para su primer largometraje: un calmado sentido del humor y una bella puesta en escena, básicamente. Nada espectacular, pero bastante lejos por suerte de la tontorronería que nos inunda. "Una tarde entretenida, gracias muchacho", vienen a decir la mayor parte de los muchos comentarios que se pueden leer sobre la cinta. Es la clásica desidia del crítico que no se moja, con los largometrajes de los debutantes. A Sean Ellis no se lo pueden cargar, no después de estar nominado al Oscar por la versión corto de "Cashback", pero tampoco pueden reconocer que algo que entre fácilmente por los cinco sentidos como lo que acaban de ver pueda ser algo más que entretenido.

Pero tampoco vamos a entrar en un debate que no nos interesa y que nadie ha planteado abiertamente. "Cashback" es una película que no ha dejado una inmensa huella en ningún sitio -Ellis no es ningún oso pardo gigantesco recién salido de su hibernación académica-, pero ha dejado algo que nos gusta más: pequeñas pisadas de ardilla en la nieve fresca. Todos los que la han visto (en Barcelona no muchos, la verdad) se han sentido tocados por la película en algún sentido, recuerdan tal o cual detalle, han descubierto esas pisadas diminutas, que pueden durar horas, días o semanas... Si van a durar años, eso es todavía muy pronto para saberlo...

La trayectoria de Sean Ellis como director puede dejarse llevar aquí o allá con demasiada facilidad (esa estética de videoclip a lo Gondry, Sean...) y, sinceramente, no tenemos demasiadas esperanzas puestas en él; no nos parece un tipo especialmente excéntrico, ni incorruptible, ni con las ideas inmaculadamente claras... lo más posible es que tenga por delante una gran carrera como realizador, ya saben, todas esas tonterías que se dicen habitualmente cuando se trata de aburridos directores en serie, y a nosotros solo nos interesen una docena de momentos puntuales de su primera película... Aunque quién sabe, nosotros ni somos jueces, ni leemos el futuro, ni tenemos por qué hacerlo.

El atractivo de "Cashback" está, esto sí lo sabemos, en los pequeños detalles (visuales, mentales,...) y alguna pequeña pregunta. Ahí van unas cuantas pistas para amar el entretenimiento que proporciona esta bonita película.

1. Miren los carteles, que para eso están. ¿Cuánta gente calculan que llega a esta película a través de ese cartel? ¿Es provocación o simplemente un hallazgo en materia de sensualidad visual como no se veía en mucho tiempo? Esfúmate un rato, Charlize Theron...


2. Sigan mirando los carteles, todos y cada uno de ellos. El marketing aplicado al control del propio marketing: primero la provocación, luego el disimulo de la misma... ¿Existen diferentes grados de censura? ¿Por países, por medio, por tipo de producto? ¿Es función del tiempo, de la fama, del número de gente a la que puede llegar, de su proyección? ¿Se trata de censura o autocensura? Disfruten jugando a las siete diferencias y pregúntense por cada una de ellas: falda, sujetador, posición de las letras y bandas, color de las bragas... ¿Qué hay de ofensivo en todo ello, que es hermoso, que le falta violencia o un cielo ennegrecido de fondo? El color de las bragas no puede ser ofensivo, no jodamos...

3. Si tenen la ocasión vean el cortometraje y el largometraje. Es un juego curioso: en el corto no parece faltar nada, y en el largo tampoco parece sobrar nada, solo un partido de fútbol de lo más chirigotero que nunca debería haber desvirtuado un sentido del humor hasta entonces perfectamente dosificado. Lo cual nos deja 75 minutos de lo más aprovechable (en el sentido en el que todo el metraje de un corto debe ser aprovechable), que ya es mucho...

4. Oigan los pensamientos de Ben Willis, en algún momento es posible que los confundan con los suyos propios.


5. Noten su tono de voz, cómo construye algo bonito sin alborotos de ningún tipo, sin necesidad de un ritmo a lo "Hancock", y sin grandes ruidos, ni grandes sobresaltos, ni grandes nada-de-nada. Noten cómo, gracias a ese tono y a ese ritmo, la magia se cuela en la película como algo real y tangible, y de repente el tiempo se para y Ben Willis está dibujándolo todo en ese supermercado.

6. No se dejen impresionar por cómo Sean Ellis para el tiempo cinematográficamente. Muchos caen en esa trampa. Es bonito, pero no más que el hecho de que el tiempo se haya parado. Todo se queda quieto en su absurdo ir a ningún sitio. Esa es la verdadera fuerza de la imagen encontrada por Ellis.

7. Miren ese supermercado. No es feo, no está desordenado, no es un desastre, parece que incluso luce, pero eso no lo hace menos aburrido. Unos supermercados son más bonitos que otros, pero todos son un bodrio y trabajar en ellos un asco. Todos trabajamos en supermercados de uno u otro tipo. Unos trabajos son más bonitos que otros, pero siguen siendo una pérdida de tiempo.

8. ¿Se imaginan que de verdad el tiempo se parase a su alrededor? ¿Qué harían ustedes? ¿Pintar, como Ben, desnudar a sus congéneres, sacar fotos? ¿Robar, leer libros, cambiar las cosas de lugar, gritar? ¿Empujar objetos, crear obstáculos, eliminarlos, para cambiar el futuro? Tal vez el tiempo esté en realidad parado a nuestro alrededor y solo tengamos que empezar a empujar algun que otro objeto...

9. Al fin y al cabo, ¿cuál es la diferencia entre un supermercado en el que el tiempo se ha parado y un supermercado en el que no lo ha hecho?

10. El inicio del largometraje es un bien precioso... Seguir a Ben a través de las circunstancias que lo llevan al insomnio es un placer que quienes únicamente hayan visto el corto no podrán entender, pero se encuentra entre lo mejor de "Cashback". Es una imagen poética de lo que significa entrar en crisis, una mezcla de shock puntual y una evolución sin sobresaltos que te lleva a un punto extraño en el que ni el cuerpo ni la mente te responden como solían hacerlo. Y tú te ves allí, cuando te das cuenta, en una especie de tierra de nadie sin mucho control, sin poder dirigirte, pero sabiendo que debes seguir adelante y descubrir que es lo que puedes hacer en esa nueva situación. Seguramente Ellis ni siquiera lo planteó así, pero el mero hecho de tener que conducir a Ben a esa situación de trance puso en su cámara esta magnífica imagen de apenas un cuarto de hora.

11. Tal vez las películas necesiten de compañeros de trabajo gamberros y divertidos para no quedar sepultadas en sí mismos. Tal vez la vida de uno también necesite de ellos. Seguro que todo sería bastante más insoportable si no pudiésemos reír de vez en cuando.

12. No importa lo aburrido o lo pequeño que sea el mundo, Sharon puede estar en cualquier sitio. Solo hay que llegar a creerse que Sharon es ella y empezar a hacer tuya esa idea.

29.7.08

El ritmo fantasma: Ed Kuepper en los Laughing Clowns

La primera persona que casi consigue que se tambaleen los propósitos fundacionales de este blog tiene nombre propio: Ed Kuepper. Sus Laughing Clowns han sido durante los últimos días el primer tema a punto de anquilosarse por aquí, reticente y espeso a la hora de salir de las teclas del ordenador, de puro respeto que nos inspira. La cuestión no es hacer la reverencia -para eso ya están los medios convencionales- sino de intentar hacer las cosas como merecen y no darse nunca por satisfecho (ésa es nuestra enfermedad), de ese impulso imposible de estar a la altura de aquello de lo que hablamos, o al menos lo más cerca posible. Porque no vale cualquier cosa. Porque, casi treinta años después, Ed Kuepper nos sigue dejando boquiabiertos.

Pero tampoco podemos callarnos, no podemos dejar que nos puedan la presión o el miedo, quedarnos sin gritar a los cuatro vientos lo especial que es Kuepper, lo extraordinarios que fueron los Laughing Clowns...

Nuestro compromiso es con su música, sí, pero sobretodo con la determinación de Kuepper, aun hoy desafiante y tremendamente inspiradora. Nuestro compromiso es con su hambre y con la resolución que le movía: la más profunda de las resoluciones. La que le llevó a abandonar a los Saints, y a meterse en una aventura que cualquier loco consideraría imposible de antemano. Sin red, sin ninguna de esas autoreferencias que permitieron a Chris Bailey crear grandes discos de una manera perfectamente cómoda, mientras Kuepper peleaba contra la certidumbre y contra la duda, y corría el gran riesgo de la manera en que debe hacerse. A veces resultaba vencedor y a veces resultaba destruido.

Kuepper -lo dejó claro desde el primer momento- no quería malgastarse en ninguna recreación sin alma. Tenía que ser más fuerte. Y uno solo tiene que mirar su semblante en cualquier foto de aquellos años (1978-1985) para darse cuenta de que durante el tiempo en que comandó los Laughing Clowns Ed Kuepper fue fuerte... Valiente, airado e inapelable. Renovándose a sí mismo, despojándose de su yo Saint, a Kuepper le quedaba su propio yo interior, en una convulsión violenta, que le llevaba lejos del raca-raca r'n'r del punk y le metía de lleno en algo que, a la tercera canción con saxo, los espabilados de turno bautizaron como jazz-punk, pero que nunca fue tal cosa. Fue, si acaso, una tensa ecuación en la cual cabía el jazz, sí, como cabían muchos otros estilos y planteamientos, y con tanto protagonismo del saxo como del piano, la E-NOR-ME batería de Jeff Wegener y la guitarra del siempre inquieto Kuepper. Las atmósferas candentes del principio se irían templando con el tiempo, y los Laughing Clowns acabarían disipándose sin hacer un mal disco, y sin que estuviese muy claro tampoco cuándo perdieron el don.


De cualquier modo, durante unos meses de 1979-1980 (los que cubren la edición de los tres primeros EPs de los Laughing Clowns) su furia permitió a Kuepper conseguir lo que siempre había buscado: esa cualidad cegadora conocida como soul. Fue la segunda vez que encontraba el soul, después de haberlo hecho tres años antes con los Saints. Y cada vez estamos más convencidos de aquella primera vez, en 1976, fue Kuepper quien buscó el soul y Bailey quien tuvo la suerte de estar cerca suyo cuando lo encontraron. La segunda vez, con los Laughing Clowns, sin embargo, Kuepper encontró algo más complejo, más beatnik, más funk y más atmosférico a la vez, más rítmico y osado, un soul para ser tocado en un estado de tensión a lo Coltrane. Nada acomodaticio ni autocomplaciente. Nada punk en el sentido musical del término, pero totalmente punk en su ethos.

Como James Chance, como Vic Godard, como Brian Eno, como Jeffrey Lee Pierce, como Mark Stewart, como todos ellos, los mejores iconoclastas anti-rock de la época, los del vagón punk del inconformismo con el punk.

Y ahora, podemos darle a la historia la forma que nos dé la gana, pero no vamos a hacer tal cosa. Todo es muy fácil de razonar con la perspectiva de los años, teniendo la Internet entera abierta de patas a golpe de click. Pero si algo tenemos claro es que en algún punto es necesario parar y dejar la música y el análisis a otros... a quienquiera que lea esto, por ejemplo -más abajo tienen unos cuantos links en los cuales empezar a escuchar a los Clowns-. Un último inciso, a modo de conclusión: Con toda su determinación y valentía, Kuepper difícilmente tendría un plan maestro de lo que deseaba conseguir ("I don't Know What I Want", titulaba la canción que abría su tercer EP). A cambio, en sus manos, tenía algo mejor, más poderoso. Cientos de opciones a las que no temía en absoluto, y un carácter irreductible, espoleado por los desplantes... y la velocidad vital para que una explosión como la suya tomase la forma de un nuevo gospel que pocos, muy pocos tuvieron el valor de seguir. Y punto y final para los Laughing Clowns, por nuestra parte. Punto y seguido para Kuepper, sobre el que seguramente volvamos más pronto que tarde, con la excusa de sus discos en solitario.


"Holy Joe", o cómo cortar el aliento desde la primera canción publicada

Algunas fuentes:
http://www.thekuepperfiles.com
http://popinprint.blogspot.com/2008/03/laughing-clowns.html http://www.trouserpress.com/entry.php?a=laughing_clowns
http://eternally-yours.blogspot.com/2007/04/ed-kuepper.html

24.7.08

Heatwave ballardiana

J.G. Ballard: futuro-presente blacanguait

"What our children have to fear is not the cars on the highways of tomorrow but our own pleasure in calculating the most elegant parameters of their deaths"
J.G. Ballard

Aunque J.G. Ballard siempre nos ha resultado un tanto esquivo, esto es exclusivamente un problema nuestro. En realidad, lo recomendable, lo que cualquier persona con ese pequeño plus de masa cerebral que a nosotros nos falta debería hacer, es rendirse sin condiciones al escritor. Ballard ha demostrado siempre una gran brillantez y una tozuda determinación para deformar el futuro, machacándolo sin clemencia hasta conseguir que refleje el presente. Ballard supo antes que nadie que los espejos de líneas claras que nos hemos puesto a nosotros mismos nos impiden ver la realidad, y que la única manera de conseguir una buena imagen de nuestro canibalismo actual es la tragi-metáfora futurista. Su legendaria desconfianza en el hombre, incisiva y profética, le ha otorgado de por vida el más polémico de los calificativos que se nos puede ocurrir ahora mismo: visionario.

Y, al contrario de lo que ocurre con tipos como el director de "300" -al que muy a la ligera se llama "visionario" en el trailer de "Watchmen" (búsquenlo en el youtube, nosotros ya tuvimos bastante con una vez)-, Ballard merece de verdad este apelativo. Ballard es, de hecho, la única persona de este mundo a la que calificaríamos de visionaria. Casi a ciegas, sin dudarlo un instante. Su futuro es nuestro presente, y su presente es nuestro futuro. Ni Orwell, ni Nostradamus... ¡Ballard! Y si, tal como anticipábamos, no acabamos de conectar con él, ése es nuestro puto problema. No se fíen demasiado de lo que pensamos por aquí, nosotros no lo hacemos.

La cuestión es que todo lo que huele a sci-fi anti-utópica nos acaba la paciencia. Demasiadas chorradas leídas en la adolescencia, debe ser. Hoy por hoy, no salvaríamos más de un 5% de esas páginas de "1984" / "Zona84" que en su momento atesorábamos y que (el otro día las vimos, pobres) siguen acumulando polvo en la casa paterna, esperando un próximo ultimátum cascarrabias. Curiosa paradoja: Toutain consiguió que nos perdiéramos a Ballard. Resentimiento para él, colleja para nosotros.

Y, ya de paso, si Spielberg no hubiera filmado "El imperio del sol" todo habría sido un poco más fácil, también...

Por suerte, el mundo está lleno de personas inteligentes, y con bastantes menos prejuicios que nosotros, que saben lo que vale un buen autor, aunque escriba ciencia-ficción. Ahí van tres ejemplos al azar, de nuestro imaginario particular: David Cronenberg, Iván Conte y Jordi Costa. El primero hizo "Crash", el segundo jamás desde que le leemos ha dejado de citar al "británico", y el tercero es uno de los responsables de esto de lo que les vamos a hablar:


"J. G. Ballard. Autopsia del nuevo milenio". Así se titula la exposición dedicada a Ballard que acaba de comenzar en el CCCB. Los comentarios de quienes ya la han visto nos empiezan a picar la curiosidad, convirtiéndola en una pequeña necesidad para esa primera semana de vacaciones (la que viene) más bien tonta. La exposición amenaza con superar sus límites (y eso es bueno, ¡que salga fuera del CCCB!), con sobrepasarse a sí misma y convertirse en una casi-convención ballardiana, en la que se proyectan películas, se recopilan vídeos domésticos ballardianos y se realizan todo tipo de actividades paralelas que a ustedes se les puedan ocurrir... Si alguien se entera de alguna fuera de programa, abajo están los comments, no duden en usarlos. Hay hambre de Ballard, y Costa es uno de los mejores chefs para este plato. Y cuando cocina quien debe cocinar -y no un vulgar "comisario de guardia"- se nota. La noticia se expande y se expande, el nuestro es un eslabón más bien pobre en esta cadena. En la web oficial hay material interesante (vídeos incluidos), pero desde detrás del proxy preferimos la cuidada combinación de imagen e información de ADN. A veces aciertan (esto de aquí también nos ha parecido interesante, pero lo dejamos para otro día). ¡No digan que viendo por encima las fotos no les apetece sumergirse de cabeza en la imaginería ballardiana! O digan lo que quieran, da lo mismo, no les creeremos...

19.7.08

Ellos siempre mantienen sus promesas

Aburridos de tópicos sobre el cine de Kusturica

"Si no eres capaz de hacer que tu vida cobre el rango de arte, trata al menos que tu arte cobre el rango de vida"
(Cita bohemia de origen desconocido, recogida en el número 4 del "Dinero" de Miguel Brieva)



Hartos nos tienen, har-ti-tos, de leer siempre lo mismo. Se estrena "Prométeme", la nueva película de Emir Kusturica, y hala, toda la crítica en tropel a desempolvar el cuaderno-especial-de-metáforas-y-
lugares-comunes-para-películas-de-Kusturica
, que tenían guardado desde hace cuatro años, cuando se presentaba "La vida es un milagro". Actualizan el contador (i++) , y vuelven a decir lo mismo que entonces, pero con un puntito más agrio, porque Kusturica ha vuelto a hacer otra vez la misma película, ya saben, una película de Kusturica. Lees una crítica, lees dos, lees tres, lees diez, lees doscientas... y ¡todas son iguales, oigan! Calcaditas a la anterior, clavadas a la siguiente: bla bla bla Kusturica se repite bla bla bla roza la autoparodia bla bla bla más de lo mismo bla bla bla aun así no está nada mal bla bla bla... y patapam... descargan el vagón entero de tópicos, uno detrás de otro, en tropel, sin dejarse ni un solo tópico...

Pues bien, hemos estado ojeando ese cuaderno-especial-de-metáforas-y-
lugares-comunes-para-películas-de-Kusturica
, y... ¡menudo compendio de tonterías! ¡Vosotros sí que os repetís, malditos críticos sedentarios de pacotilla! Si la autoparodia tiene un lugar perfecto en el que habitar, ése es el de la crítica cinematográfica... Va por vosotros, en vuestros propios términos:

1. "Comedia loca": Esto no es más que una media verdad. Kusturica hace comedias, sí, y se desarrollan (se precipitan sin freno, habría que decir) tan disparatadamente que a veces uno tiene la sensación de estar en una película de Mortadelo y Filemón (gracias, Eva). Pero antes de dejarse llevar por los porrazos y las caídas, deténganse y piensen por un momento: ¿Es Kusturica uno de esos directores para los que solo vale divertirse? ¿Se ha convertido en el nuevo paladín del Entretenimiento, sin ninguna filosofía ni trabas morales? ¡Venga ya! A ustedes les ha sentado mal la mayonesa de la rusa...

Hasta los malos se lo pasan de miedo en esta peli

2. "Fábula positiva": Kusturica crea fábulas, dicen, cuentos mágicos... ¡hablan de sus películas como si las hubiera escrito el maldito Walt Disney o la bruja millonaria del jarripoter! Hay que ver lo deteriorada que está la palabra "fábula" hoy en día, por culpa de estos dos. Además, déjennos decir algo: Si han intentado ir al cine recientemente (al de verdad, ése con butacas numeradas y una taquilla en la puerta) se habrán topado sin duda con una cantidad infame de morralla independiente, films iranís de-pseudo-pensar y nicolekidmans haciéndose pasar por actrices íntegras, listas y maduras. De verdad... La de truños que había en la cartelera hasta la semana pasada... Lo que ocurre con Kusturica es lo siguiente: En contraposición a lo habitual en ese cine "de pensar", Kusturica no ha perdido el lazo que debe existir entre el arte y en entendimiento del resto de sus congéneres humanos. Kusturica se preocupa en empatizar con el espectador y con el pueblo. Intenta que cualquiera le entienda, y busca conceptos asequibles como el espíritu de la aventura, por ejemplo. Todos nosotros, como especie medio-inteligente que somos, podemos entender una buena fábula.

Los nenes protagonistas, bien bonicos y posando pintorescos para la fábula

3. "Exotismo": Este tópico no merece ni que nos lo tomemos en serio. Quien ve exotismo, es porque es incapaz de ver ninguna otra cosa. Así de sencillo.

4. "Fanfarrias balcánicas": A todos nos encanta esa pachanga musical de las películas de Kusturica, aunque los motivos por los que nos atraen son bastante diferentes. A la crítica le interesa como un apéndice del punto anterior ("exotismo"), que amplifica aún más el efecto del punto 1 ("comedia loca"). A nosotros, nos interesa porque Kusturica consigue que algo tan vital como es la música se encuentre soldado (y todavía al rojo vivo) a la película: los personajes cantan a la menor ocasión, bailan en los coches y en los prostíbulos, hacen que tocan el piano, la guitarra, hay música en las bodas y en los entierros, en las llegadas y en las persecuciones, en las huídas y en los intentos de apareamiento... en todo momento y en todo lugar. La música entra, se queda y sale, para volver a entrar al cabo de no demasiado rato; nos abre la mente, nos acerca al alma de Kusturica, lo entendemos más allá del conocimiento a palo seco del personaje o de su obra. La película posee a la música, como la música posee a la película, y a los personajes solo les queda una opción: participar de ella. ¿Y qué pasa con el espectador? Pues lo mismo, claro. O participas o te vuelves a casa.

Kusturika Jr, la mano que mece la fanfarria

5. "Pintoresco": Es que de verdad, ven un abuelete serbio en un cacho de monte, y necesitan poner una vela de inmediato a San Costumbro. ¿Qué es lo que nos sorprende tanto? ¡Actuamos como si ese tipo de personas no existiese, como si ya no quedase ni un solo ser vivo en el mundo rural! Este asombro viene a ser -una vez más- una secuela del punto 3 ("exotismo" again), así que intentaremos decirlo claro: a) Los "pintorescos" personajes de Kusturica son en el fondo "universales" b) No sigan confundiendo el contexto con lo necesario. Gracias.

6. "Excéntrico sentido del humor": Lo que sorprende de este tópico es que pueda ir acompañado de una regañina a Kusturica por volver a filmar otra vez la misma película (lo decíamos al principio: "más de lo mismo", ¿recuerdan?). Si su sentido del humor es excéntrico y sus cuentos únicos, ¿cuál es exactamente el problema? La cartelera está llena de películas que no tienen todo esto, el mundo está lleno de directores que ni son excéntricos ni podrían filmar "Gato negro, gato blanco" aunque les amenazaran de muerte. Es más, por lo que a nosotros respecta, todavía no hemos visto "Gato negro, gato blanco" el suficiente número de veces. Queremos que Kusturica siga haciendo películas de Kusturica, como queremos que Wes Anderson siga haciendo películas de Wes Anderson.

7. "Imponente fotografía y una puesta en escena colorista": Esto debe ser copiado de otro cuaderno-de-criticas de mayor difusión, el de primer curso seguramente, porque lo hemos visto aplicado a decenas de películas, no solo a las de Kusturica o a las de (ya que lo mencionábamos en el punto anterior) Wes Anderson. Así que ahora vamos a autoparodiarnos nosotros: Quien solo ve fotografía, es porque es incapaz de ver ninguna otra cosa. Y añadimos: esto es un poco como la música, el colorismo se integra salvajemente en la película y ya no hay manera de desenlazarlos. Es imposible separar la película de la extravagancia de su estilo. Y, además, ya que filmas una locura, ¡al menos que sea una locura a lo grande! En este sentido, Kusturica presenta una cinematografía total. Ésa es la diferencia. Los malos directores no saben hacerlo.

Tienen que ver bailar a estos dos tipos con los brazos en alto cuando se van de putas

8. "Metáfora sobre Serbia": Anda que no son pesaditos con el tema de las metáforas políticas. Si por un momento se olvidaran de Serbia, tal vez podrían ver que Kusturica está mucho más cerca de todos nosotros que otras películas filmadas a pocos kilómetros de nuestros hogares. Además, cuando haces una película ambientada en Serbia, con personajes serbios, casas serbias y coches serbios, eso no es ninguna "metáfora". Serbia es el lugar al que ha pertenecido y sigue perteneceiendo Kusturica ¿tan difícil es entender eso? En todo caso, y ya que nos lo ponen en bandeja, aprovechemos para satisfacer nuestro deseo de conocer.

9. "Escasa innovación": Después de todo lo comentado (especialmente en al respecto del punto 6), ¿aún necesitan innovación? Kusturica lo que quiere es transmitir energía, y... ¡demonios, lo consigue! Después de varias películas en la misma onda, tiene por fin la confianza para hacerlo, para celebrar la vida como él cree que se merece. Es su lenguaje, suyo y de nadie más. Así que, ¿qué prefieren, energía o innovación? Nosotros lo tenemos claro...

Kusturica en el casting de "El nombre de la Rosa"

10. "Palmas y leones" (o el registro de méritos que hacen que, a pesar de todo, la crítica no se atreva a despedazar al director bosnio): Señores críticos, les vamos a explicar un secreto... Nunca hemos sabido distinguir Venecia de Cannes, ni las palmas de los leones, ni tampoco hemos llegado a memorizar el material noble (oro, plata, mármol, seda, farlopa...) del que están hechos esos premios a los que ustedes aluden y tan bien contabilizan. En todo caso, gracias por copiarnos la información del IMDb, no saben lo útil que puede llegar a sernos. En el baño no hay conexión a Internet.

¡Ufffff! Agotados nos hemos quedado, de tanto topicazo aburrido y vacío... Así que, entretanto la crítica no mejore su imaginación, mejor les dejamos con el trailer de "Prométeme" (lo hemos encontrado en castellano y todo, no se quejarán), mientras Kusturica remata su película sobre Maradona, que ya debe tener prácticamente acabada y ni será pintoresca ni exótica ni metáfora sobre Serbia, por lo que tal vez le dé a la crítica el cambio que necesita. A nosotros, nos tememos de antemano, nos parecerá una anécdota tontorrona, con el mismo interés que el propio futbolista, sus drogas y esa mano de Dios (¿Dios=trampa?) por la que todavía se le recuerda...


17.7.08

Alternative punk, different mind


Cada vez estamos más convencidos. Se ha dicho y se ha dicho, y hasta se ha dicho por aquí mismo. El Dinero es el Enemigo, quien lo revuelve todo a nuestro alrededor: en las tripas del capitalismo y en sus aledaños, el planeta entero. Ensucia, calienta, revienta, corrompe, posee, atrapa, frustra, deshonra, obsesiona, chantajea, ordena, confunde, segrega, domina, hace astillas a la humanidad... Y a cambio solo puede -dicen- hacernos circunstancialmente felice$, pero aun así no es capaz de darnos ninguna felicidad.

El Dinero no es un medio, como intentan hacernos creer. Es un fin, el FIN último, el mismísimo FIN del mundo. Tomen la palabra fin en cualquiera de sus acepciones.

El Dinero hace que todo se vuelva asqueroso, que pierda su pureza y se convierta en deshecho chungo, en el aceite de palma que aparece en letra pequeña de esos snacks al "aceite de oliva". Porque aceite de oliva es lo que nos enseñan en grande, lo que creemos poder comprar con esos papeles de colores resistentes al algua, pero aceite de palma es lo que realmente comemos, lo que unta las paredes de todos nuestros conductos digestivos. Tú ves liebre, y te están dando gato, pero insisten en que es liebre. Hay un nombre para esto: Falsedad. O, gritado en austrohúngaro, "ESTAFA"... "¡¡ES-TA-FA!!".

Así, no es extraño que tengamos que, entre tanto embrollo intencionado y alevoso, vernos obligados a renunciar. Lo hacemos siempre. Renunciamos al dadá, renunciamos al 68, renunciamos al arte, renunciamos al jazz, renunciamos al punk, renunciamos al indie, renunciamos al house... renunciamos a todo, a lo bonito y a lo feo, a todo lo que en algún momento nosotros mismos, o nuestros afines predecesores en el tiempo, ayudamos a crear. Y no recibimos nada a cambio, salvo un aviso: es el momento de romper con esas palabras y dejarlas atrás, en las manos del Dinero. Tierra quemada.

Total, aunque no se lo dejemos, el Dinero lo tomará igualmente. Y lo convertirá en wall banner, en plástico de tienda pop, o en -una de sus apropiaciones favoritas- camiseta rebelde. Como ésas que llevan la inscripción "Alternative punk, different mind" creadas para quienes, precisamente, no tendrán una different mind en su puta vida. No se puede ser más irónico. Solo el Dinero es capaz de llegar a autoparodiarse de esta manera sin sonrojarse. Se apoya en los imbéciles. Solo ellos son capaces de pagar con dinero al Dinero para poder llevar puesta una camiseta en la que se lea "soy imbécil".

Pero, francamente, estas renuncias no deberían causarnos dolor. Al fin y al cabo, solo son palabras. Conceptos gastados y vulgares, que antes fueron algo, que considerábamos nuestros y que -¿por qué no?- fueron poderosos o interesantes. Lo fueron sí, pero ahora, después de todo este magreo interesado, ya no lo son. Están huecos, se han quedado sin alma, sin esos 21 gramos que los hacían especiales. Y sin eso, no valen nada, absolutamente NADA.

Así que ya pueden quedárselos, NO los queremos.

Nosotros siempre podemos inventar nuevas palabras...

11.7.08

Hazañas de la juventud audaz


El orgullo de lo camp

De entre la maraña de material pop-arqueológico que tiene saturada a Internet, solo una muy pequeña parte merece ser aprovechada. Por favor, si planeas sumarte a la ofensiva, toma aire, relájate y piénsatelo dos veces antes de empezar. Puede que tu esfuerzo no sea tan necesario como piensas. No hagas perder el tiempo a nadie, ni malgastes el tuyo propio. Si no tienes algo, ni lo intentes. Si no tienes ALGO aléjate del ordenador y ves a jugar a fútbol.

Importa el enfoque, mejor cuanto más amplio, cuanto menos enciclopédico, cuanto menos talibán-aquí-solo-serie-Z. Importan las fuentes: hasta 10 eres un infraser, lamer total; menos de 100 estás haciendo el penas, a partir de 1000 puede que tengas algo que ofrecer. Importan las imágenes, encuentra siempre las mejores; en cuestiones de cultura pop, una imagen vale más que un trillón de palabras. E importa, naturalmente, el olfato. Es fundamental. No todo lo retro es camp, ni toda la cultura pop que en algún momento acabó en el estercolero merece ser rescatada. Lo dicho: OLFATO CAMP. Si no lo tienes deja pasar a otros que sí lo tienen...


El blog ausente


A él llegamos a través de Jordi Costa ("Sigo habitualmente El blog ausente –que hace un trabajo de arqueología pop lleno de genio-") con el que estamos obligados a coincidir, una vez más. Lo que encontramos en "El blog ausente" fue algo más que godzillas y fotogramas de serie Z. Están estos aspectos, sí, cosas de SF y terror; cine, libros, semanarios y tebeos; Ray Bradbury y la Warren, por ejemplo, en aproximaciones transversales que denotan ese tipo de familiaridad que evita el abordaje directo y se fija en detalles laterales, en aquello que el ojo humano no puede ver a simple vista. Pero hay algo más, un no-sé-qué-que-qué-sé-yo, que siempre consigue sorprendernos. Algunos ejemplos recientes van de los jemeres rojos a la industria nuclear iraní. ¿Qué les ha parecido eso? No podrán decir que Absencito se refugia en el tópico, ¿verdad? Sus casi cuatro años de historia dan bastante vértigo...

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El desván del abuelito


Dejaremos que se presente él mismo: "Arrenegado del mundo, el Abuelito vive en su desván rodeado de papeles, cachivaches y celuloides rancios. No habla nunca de la actualidad y no sabe muy bien en qué año vive, aunque seguro que es antes de 1965. Sabio en cosas raras y viejas, ha cambiado la vida real por el cine loco y los desvaríos de la cultura popular". Todavía más pleistocénico que el anterior, en este blog hemos encontrado recientemente narraciones lésbicas de 1925, las hazañas memorables de Fantomas en Mallorca (allá por 1912, mucho antes de que llegaran los alemanes), Mack-Wan, el primer super-héroe "del país" (que ya trepaba muros como Spiderman en los años 30, cuando Stan Lee todavía llevaba pantalones cortos), o ciertas ilustraciones de esa época en la que en España los nazis eran la inspiración anti-bolchevique... Todo ello bien anotado y comentado, con arte y sin soberbia. Desde enero de 2008, más de 100 entradas.

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9.7.08

Dadá de cabecera


Kiko Amat le ha estado dando unas vueltas a mítica conexión Dada-punk que reveló (o no) Greil Marcus en sus "Rastros de carmín". Kiko está en esa fase de "matar al padre", de cuestionarse algunos de sus orígenes. Las teorías de Greil Marcus -a medio camino entre la pura invención y algún que otro tenue rastro (de carmín) verídico que les otorga cierto fundamento- se llevan ahora un pequeño vapuleo. Es lo que hay. Marcus ideó la historia que le convenía y puso frente a nosotros un puñado de conexiones que nadie antes había agitado con tanta fuerza. Y ahí tienen el resultado: una apasionada semblanza del nihilismo y los más oscuros movimientos revolucionarios en el s.XX. "Rastros de carmín" nos deslumbró, pero una vez descubierto, abrazado, asimilado, interiorizado, convertido en guía secreta y (lo más importante) seguidas todas sus conexiones, toca rebatirlo.

A Marcus le toca recibir. Y lógicamente tiene las de perder...

"Si uno quiere buscar los verdaderos cimientos del punk, ahí están: reggae y dub, descampados y pajas, la huelga de basuras del 1974, Roxy Music, la anfetamina de los mods, ruido blanco vía The Who. Chicos con botas, chicos de club, mal cutis y ropa de trapería, la angustia primordial de los suburbios: Eater, Clash, Jam, Cortinas, Adverts, Rezillos, Damned, 999, X-Ray Spex, Stiff Little Fingers, Sham 69, Subway Sect. Tocando para ellos mismos, tocando porque no había otra cosa, porque las canciones eran el único escape. Sin buscar la apreciación, ni siquiera el odio (como hizo dada), de la clase artística; funcionando en otro plano, otro mundo, música para bailar y ponerse to’loco. El ruido roto de los chicos sin estudios, el único modo de rozar la belleza desde las casas baratas: eso es punk. No lo busquen en las galerías de arte, porque no está allí. O no debería."

Y Kiko tiene razón. O al menos tiene UNA de las razones posibles. El artículo sobre dadá y punk (originalmente publicado en La Vanguardia, pero colgado para el resto de la humanidad en La Escuela Moderna) acaba así.

Pero nos interesa más cómo empieza:

"Arte. Ahí es cuando saco el revólver. Nada dispara más mi desconfianza que esa palabra; es como si me advirtieran que alguien disemina ántrax con el aliento. Lo cierto es que no es difícil sospechar del arte: Tiene aspecto de fraude estudiantil, una cosa intangible e inútil que sólo los “expertos” dominan y que sirve para estamparle a la gente en la nalga un sello con su clase social. ¿Arte? Quita de aquí, anda."

Porque sabrán los barcelonautas que en el MNAC se puede ver estos días una restrospectiva bastante completa de Duchamp, Man Ray y Picabia (es decir, la hipotética "sección neoyorkina" del dadá). Este tipo de exposiciones parecen dar la razón a Kiko. El anti-arte ES también arte. O, como mínimo, el arte es capaz de ABSORBER el anti-arte y venderlo como Arte. Dicho sin abstracciones: al MNAC no le ha costado demasiado poner un vidrio delante de la plancha con pinchos de Man Ray.


En un contexto de museo, desafíos al propio arte como los "readymades" de Duchamp viven una total contradicción: Por un lado se ven aburridos e inofensivos, casi un siglo después de ser "creados" y de que Duchamp tuviera los santos huevos de presentarlos a la galería de turno; por otro, es en un museo donde tienen valor... Fuera no valen nada, menos aún que el objeto a partir del cual fueron creados. Pero en el museo todavía son capaces de actuar, de reírse de ti, de nosotros, de ellos... de todos, pero sobretodo de ELLOS.


En realidad, "¿Arte? Quita de aquí, anda" es tal vez demasiada afirmación, al menos tomada como un absoluto. Nadie tiene por qué entregar sus nalgas a nadie para que se las estampen. El arte NO es patrimonio de los hijos de papá. El enemigo de verdad NO es el arte. Hay cosas mucho peores que ver a Duchamp, Man Ray o Picabia en un museo. Por muy disminuido que se nos presente su mensaje, aun en ese estado aletargado en el que se encuentran, son capaces de provocarnos un cierto movimiento estomacal.

Hay, decíamos, cosas mucho peores, mucho más perversas. Tan solo echen un vistazo a este link y nos darán la razón. Quinientos cuarenta y nueve dólares. El enemigo real es, como siempre, el dinero.

8.7.08

Nada ocurre, dos veces


"Si Godot fuese Dios, lo habría llamado así" (Samuel Beckett)

Incombustible al paso de los años, "Esperando a Godot", la piedra angular del teatro del absurdo, se sigue representando (y representando y representando...) por todo el mundo. Cada director, cada montador, cada crítico, cada estudiante de bellas artes, parece tener su propia lectura de la obra. Dicho de otro modo, nadie sabe dónde está exactamente el norte. Esto, unido al efectismo circense de tener a dos vagabundos haciendo cosas de tontos en el escenario (un hábil recurso que eleva la obra por encima de otros bodrios que solo pretenden mover a la reflexión), es lo que ha disparado el número de adaptaciones de Godot desde su primera puesta en escena, en 1953.

Hace poco, pudimos ver en Barcelona una de estas versiones. En La Casona, una pequeña sala de teatro alternativo de Sants, Montse Móstoles presentó una versión bastante buena de Godot... Supo captar la esencia de esta "tragicomedia en dos actos" de una manera bastante ligera, sencilla y bonita, sin darle demasiadas vueltas a la metafísica. El existencialismo no hace falta forzarlo, Godot lo lleva puesto desde su mismísimo título, para el que quiera tomarlo. El Godot de La Casona consiguió crear esa comunicación en la que recibimos los estímulos del autor, el montaje del director y la interpretación de los actores, y los cruzamos con nuestro propio sustrato, a caballo entre la predisposición, las expectativas, la atención, la inquietud, las ideas previas y otras mil cosas que golpean las células de nuestro entendimiento. Esto sucede con todas las artes, dirán con razón, pero es en el teatro donde resulta más evidente. Aunque el resultado final sea uno e indivisible, cada parcela está perfectamente delimitada. Las propias dimensiones (pequeñas, asequibles, sintéticas) del teatro, su propio minimalismo, hace que nadie pueda eludir su responsabilidad y, a la vez, que el efecto sea mucho más directo.

Por eso, cuando encontramos una buena conjunción de todos estos factores, como en esta representación de Godot, nos está permitido llegar hasta la raíz, hasta Samuel Beckett. Porque quien mueve los hilos de Godot es Beckett. Quien formula las preguntas, quien caricaturiza la vida, quien hace los juegos de palabras, quien juega al desconcierto, es Beckett. Es Beckett quien pone al espectador frente a sí mismo: quien sitúa a dos bufones delante del intelectual, y quien le da al espectador casual unas cuantas reflexiones que no esperaba. Es Beckett quien hace que Godot no aparezca nunca, mientras todos, incluso nosotros, esperamos una aparición imposible en el último minuto del segundo acto.

Beckett es el cuerdo que se hace pasar por loco...


Beckett, como Marcel Duchamp, fue un gran bromista, capaz de hacer de sus chistes personales algo universal. No lo llamen arte, busquen otra palabra. En sus tiempos lo llamaban vanguardia, pero eso ahora ya no sirve y, tanto Duchamp como Beckett, siguen perfectamente vigentes y son, aun hoy, extraordinariamente influyentes. Si nos apuran, hasta llamaríamos dadaísta a Beckett. ¿Por qué? Bueno, Godot es una especie de broma (Beckett decía que era un vodevil, una "diversión liberadora") en la cual el lenguaje se sale del vaso y se pasea por los límites de lo comunicable. Beckett todavía debe estar carcajeándose en la tumba cada vez que alguien se empecina en extraer enseñanzas de los chistes. ¿Hasta dónde pretenden exprimir el absurdo todos esos señores que se creen tan inteligentes? ¿Es que no ven que Beckett se descojona de ellos, de lo trascendente, en la misma obra con ese patético e incoherente discurso de Lucky? Godot es una farsa dadaísta, una parodia de la vida. Escapa de lo racional y busca la risa en lugar de la compasión. Es suficiente con entender esto. Si disfrutamos de la obra es bastante más posible que en determinados momentos vuelva a nosostros para ayudarnos a responder alguna de esas preguntas con las que, en serio, no vale la pena obsesionarse continuamente.

"Perhaps my best years are gone. When there was a chance of happiness. But I wouldn't want them back. Not with the fire in me now. No, I wouldn't want them back." (Samuel Beckett)

6.7.08

Please Mr. Music, will you play?

Un pequeño resumen cómico-musical de "A Bit of Fry and Laurie"


En algún lugar de esa línea imaginaria que va de "Monty Python Flying Circus" hasta "Little Britain" se encuentra "A Bit of Fry and Laurie". Ya saben de qué hablamos, series de sketches inglesas con el ojo (crítico) puesto en los propios ingleses. Las mejores series, no hace falta decirlo, llevan el sello de la BBC. Y no lo decimos con ningún tipo de complejo de inferioridad, simplemente son las más divertidas, las que más y mejor nos hacen reír...

"A Bit of Fry And Laurie" estuvo en pantalla de 1989 a 1995. Sin embargo, no fueron siete temporadas, sino cuatro, lo cual quiere decir que tanto Stephen Fry como Hugh Laurie tuvieron tiempo para hacer muchas otras cosas, como la magnífica "Los amigos de Peter" de Kenneth Branagh, en la que pueden verlos a ambos: Fry de Peter y Laurie de Roger. Es también sabido de su participación en "Blackadder", una serie que marcó la adolescencia de muchos catalanes que ya pasan (pasamos) la treintena. Y la marcó para bien. En programas dobles inolvidables con "The Young Ones", nos hizo descubrir la carcajada flemática, descojonarnos con un sarcasmo que no sabíamos que poseíamos y sentirnos diferentes a cualquier generación anterior que no hubiera visto aquello.

Está claro que a Fry y a Laurie les encanta trabajar juntos. Lo hicieron mucho y bien. Por desgracia, TV3 no se enrolló lo suficiente como para contratar, en algún paquete de sus adquisiciones a peso de series británicas, "Jeeves and Wooster", la versión a pachas Fry/Laurie del Jeeves de P.G. Wodehouse. No perdamos la esperanza, una temporada más de ya-saben-ustedes-qué-serie-de-médicos y los vendedores de DVDs no podrán resistirse a seguir hurgando en las hazañas interpretativas de Hugh Laurie, aunque sean de hace 15 años y... ¡inglesas!.

Pero esto ya está empezando a ser demasiado denso, y no era ésa la intención, ni mucho menos. Es domingo por la tarde, hemos sudado hasta la deshidratación por la mañana y, ahora que se ha nublado y amenaza tormenta, lo último que se nos ocurriría hacer es poner a formar a las neuronas de guardia para el análisis de una serie que tan solo hemos podido picotear recientemente... Dicen que hay unos DVDs en castellano por ahí, que aprovechan el tirón de Hugh Laurie en ya-saben-ustedes-qué-serie-de-médicos. En junio salía el primero de ellos (primera temporada) y en julio el segundo (segunda temporada)... y etcétera... pero ¡basta!, que si queríamos evitar el sobreanálisis tampoco nos hemos propuesto vender DVDs...

La intención, decíamos, era otra, mucho más divertida. Y musical. Miren más arriba, lo dice el subtítulo. Un pequeño resumen cómico-musical de "A Bit of Fry and Laurie". Porque deben saber que en "A Bit of Fry and Laurie" había música, y era divertida. Quizás sea éste uno de los rasgos de Hugh Laurie (que como sabe todo seguidor de ya-saben-ustedes-qué-serie-de-médicos, tiene sus buenos conocimientos musicales y evidentes dotes de cómico) que mejor reveló la serie. Stephen Fry, aquí en segundo plano, hace el papel de comparsa y co-ideólogo. Es Laurie quien lleva la voz cantante.

En la wikipedia está el listado de las canciones más populares del show, que debería servir de guía para ir finalmente al lugar al que es inevitable acudir para degustarlas en modo picoteo: el youtube. Ahí están todas, desde la oda de amor ochentera a Steffi Graf a la refinada interpretación de cámara a cargo del dandy depravado de "Little Girl" (la perversión, si es con buenas maneras...), pasando por el rap educado "Polite Rap" (¿alguna vez han oído a un rapero decir algo tan ridículo como "good-ass motherliker"?) o los, para nosotros, dos sketches musicales más logrados de Laurie/Fry:

1. El de los dos hermanos rednecks convencidos de que la solución de todos los problemas del mundo es patear lo que sea (atención a la cara de palo de Laurie y al brutal papel borderline de Fry, haciendo de sus entradas a destiempo y fuera de tono el contrapunto hilarante del sketch).



"There ain't but one way" (aunque pueden llamarla "Kicking ass")

2. El de esa especie de hippie setentero, convencido de su canción y creyente de sí mismo, en plena oda a lo Elton John.


"America"

4.7.08

No soy de ningún sitio

Cada vez que tiramos del hilo de la modernidad, al final encontramos su reverso envejecido, su ración de "normalidad", de cotidianidad, de vulgaridad, de inevitable humanidad... en algún punto del pasado de lo cool siempre hay alguien o algo que no sabe posar, que no sabe hablar, que no es lo suficientemente fotogénico... y es lógico que esto pase, pero nos sorprende, seguramente porque todos somos bastante más manipulables e imbéciles de lo que creemos. Nos resistimos a que la publicidad al uso nos meta sus goles turbocapitalistas, pero nos dejamos engañar como niños por la imagen pública de tipos como Andy Warhol. En nuestra pantalla mental solo somos capaces de ver a la Velvet Underground y a Joe Dalesandro, a Valerie Solanas y a Truman Capote, a Paul Morrissey y a Gerard Malanga . Todo sucede en la Factory y sus protagonistas son superstars, bailando al ritmo del "Exploding Plastic Inevitable" mientras las drogas más novedosas inundan su organismo y pasan cosas nunca vistas, radicales y emocionantes.

El documental "I Am From Nowhere" (2002) le da la vuelta a la tortilla. Viaja hasta Miková, el pueblecito (150 habitantes) de Eslovaquia del que provenía la familia Warchola. En Miková se vive como en cualquier otro pueblo pequeño, pero siempre a la sombra de Warhol. Se anhela poseer un museo, los padres de familia se obsesionan por viajar a la Tierra Prometida, se cree poseer algo de talento por via cosanguínea... Tiene una doble deuda con Warhol, la pública (periodistas y dinero entrando en el pueblo de manera extraordinaria) y la privada (demasiado peso ideológico para una comunidad tan frágil).

La estatua de la LIBERTAD en la isla de la LIBERTAD, ¿lo pilláis, niños?

En realidad, Warhol nunca perteneció a Miková. Warhol, como Joe Orton, nunca fue "capaz de imaginarse como ordinario". Su talento nada tuvo que ver con los orígenes familiares. Pero en un remoto lugar de Eslovaquia, en el que todavía recuerdan el comunismo y la Revolución de Terciopelo, mientras desconfían (con razón) del nuevo orden, un puñado de tipos perfectamente ajenos al universo warholiano (¿cómo podrían formar parte de él?) afirman ser familia suya y parecen satisfechos de actuar en una película.

Abuelitas pop-art

"I Am From Nowhere" busca ese contraste en el cual ver reflejado el rostro humano que deja tras de sí la fama, abordar el tópico del "tío rico", un embajador de proyección internacional que en este caso encima resulta ser un artista revolucionario, considerado paradigma de lo cool. Ese es el suspiro de inspiración que da vida al documental: Miková nunca podrá ser cool, como Warhol nunca fue un tipo corriente. Y hay que decir que en gran medida "I Am From Nowhere" fracasa. No acaba de sacar partido a todo lo que podría y sus 80 minutos acaban flotando en un aburrimiento ligero. Aun así, el documental ha estado de gira por todas las filmotecas de España (ayer se estrenaba en la de Catalunya (1)) y casi todas las del mundo, con lo que parece que en realidad sí ha sabido transmitir algo de lo que pretendía.

Y no se trata de que le sobre metraje. Da la impresión, más bien, de que en "I Am From Nowhere" es más interesante lo que se propone decir que lo que consigue decir. Se podría haber conseguido alguna cosa mejor que hacer viajar a los USA (2) a un pueblerino con aspiraciones cinematográficas, deseoso de emular a Warhol, o pasear a una abuelita en autobús por las carreteras eslovacas... La idea de partida era de primera y da rabia quedarse a medias.

Aun así, la película bien merece ser vista (archívenla como "documental curioso con referentes pop-art", por ejemplo). Nuestra imagen favorita aparece hacia el final de la cinta. Es otoño y estos dos señores han colocado un cartel a la entrada del pueblo, en honor a Warhol. En el cartel no hay nada escrito. Llueve y miran hacia arriba, en un plano amplio, haciendo más evidente el vacío del cartel. Charlotean un poco de esto y aquello, se miran bajo sus chubasqueros y dicen con total normalidad: "ya pondremos algo en primavera"...

(1) Directamente del programa de la Filmoteca:
El documental del mes: I Am from Nowhere / I Am from Nowhere
Georg Misch, 2002. Àustria. VOSC. 80’. Projecció en Hard-disk.
Des de 1952 s’han fet nombroses pel·lícules, documentals i reportatges sobre Miková, un poblet de 150 habitants a l’est d’Eslovàquia que forma part de l’antic territori de Rutènia. Ha esdevingut un poble molt famós perquè era la llar dels pares d’Andy Warhol abans que emigressin als EUA. Miková sembla avui un poble congelat a l’era postcomunista. Hi ha un gran contrast entre la tecnologia dels mitjans de comunicació que arriben via satèl·lit i la realitat quotidiana dels habitants que encara avui intenten emigrar als EUA, tot cercant una vida millor. Amb clau d’humor, I Am from Nowhere investiga els efectes que la pressió mediàtica té sobre aquesta petita població, on sovint es produeixen situacions inversemblants, i on els personatges, molts d’ells parents de Warhol, esdevenen protagonistes excèntrics.
(2) Curiosamente hoy, por si no lo han notado, es 4 de julio.