
"Cashback" es una película que da que pensar. No es una película de pensar, o al menos no una de ésas que intentan hacerte pensar. Seguramente sólo intenta que pases un buen rato, y desplegar la batería de trucos que Sean Ellis, su joven director, tenía acumulados para su primer largometraje: un calmado sentido del humor y una bella puesta en escena, básicamente. Nada espectacular, pero bastante lejos por suerte de la tontorronería que nos inunda. "Una tarde entretenida, gracias muchacho", vienen a decir la mayor parte de los muchos comentarios que se pueden leer sobre la cinta. Es la clásica desidia del crítico que no se moja, con los largometrajes de los debutantes. A Sean Ellis no se lo pueden cargar, no después de estar nominado al Oscar por la versión corto de "Cashback", pero tampoco pueden reconocer que algo que entre fácilmente por los cinco sentidos como lo que acaban de ver pueda ser algo más que entretenido.
Pero tampoco vamos a entrar en un debate que no nos interesa y que nadie ha planteado abiertamente. "Cashback" es una película que no ha dejado una inmensa huella en ningún sitio -Ellis no es ningún oso pardo gigantesco recién salido de su hibernación académica-, pero ha dejado algo que nos gusta más: pequeñas pisadas de ardilla en la nieve fresca. Todos los que la han visto (en Barcelona no muchos, la verdad) se han sentido tocados por la película en algún sentido, recuerdan tal o cual detalle, han descubierto esas pisadas diminutas, que pueden durar horas, días o semanas... Si van a durar años, eso es todavía muy pronto para saberlo...
La trayectoria de Sean Ellis como director puede dejarse llevar aquí o allá con demasiada facilidad (esa estética de videoclip a lo Gondry, Sean...) y, sinceramente, no tenemos demasiadas esperanzas puestas en él; no nos parece un tipo especialmente excéntrico, ni incorruptible, ni con las ideas inmaculadamente claras... lo más posible es que tenga por delante una gran carrera como realizador, ya saben, todas esas tonterías que se dicen habitualmente cuando se trata de aburridos directores en serie, y a nosotros solo nos interesen una docena de momentos puntuales de su primera película... Aunque quién sabe, nosotros ni somos jueces, ni leemos el futuro, ni tenemos por qué hacerlo.
El atractivo de "Cashback" está, esto sí lo sabemos, en los pequeños detalles (visuales, mentales,...) y alguna pequeña pregunta. Ahí van unas cuantas pistas para amar el entretenimiento que proporciona esta bonita película.
1. Miren los carteles, que para eso están. ¿Cuánta gente calculan que llega a esta película a través de ese cartel? ¿Es provocación o simplemente un hallazgo en materia de sensualidad visual como no se veía en mucho tiempo? Esfúmate un rato, Charlize Theron...

2. Sigan mirando los carteles, todos y cada uno de ellos. El marketing aplicado al control del propio marketing: primero la provocación, luego el disimulo de la misma... ¿Existen diferentes grados de censura? ¿Por países, por medio, por tipo de producto? ¿Es función del tiempo, de la fama, del número de gente a la que puede llegar, de su proyección? ¿Se trata de censura o autocensura? Disfruten jugando a las siete diferencias y pregúntense por cada una de ellas: falda, sujetador, posición de las letras y bandas, color de las bragas... ¿Qué hay de ofensivo en todo ello, que es hermoso, que le falta violencia o un cielo ennegrecido de fondo? El color de las bragas no puede ser ofensivo, no jodamos...
3. Si tenen la ocasión vean el cortometraje y el largometraje. Es un juego curioso: en el corto no parece faltar nada, y en el largo tampoco parece sobrar nada, solo un partido de fútbol de lo más chirigotero que nunca debería haber desvirtuado un sentido del humor hasta entonces perfectamente dosificado. Lo cual nos deja 75 minutos de lo más aprovechable (en el sentido en el que todo el metraje de un corto debe ser aprovechable), que ya es mucho...
4. Oigan los pensamientos de Ben Willis, en algún momento es posible que los confundan con los suyos propios.

5. Noten su tono de voz, cómo construye algo bonito sin alborotos de ningún tipo, sin necesidad de un ritmo a lo "Hancock", y sin grandes ruidos, ni grandes sobresaltos, ni grandes nada-de-nada. Noten cómo, gracias a ese tono y a ese ritmo, la magia se cuela en la película como algo real y tangible, y de repente el tiempo se para y Ben Willis está dibujándolo todo en ese supermercado.
6. No se dejen impresionar por cómo Sean Ellis para el tiempo cinematográficamente. Muchos caen en esa trampa. Es bonito, pero no más que el hecho de que el tiempo se haya parado. Todo se queda quieto en su absurdo ir a ningún sitio. Esa es la verdadera fuerza de la imagen encontrada por Ellis.
7. Miren ese supermercado. No es feo, no está desordenado, no es un desastre, parece que incluso luce, pero eso no lo hace menos aburrido. Unos supermercados son más bonitos que otros, pero todos son un bodrio y trabajar en ellos un asco. Todos trabajamos en supermercados de uno u otro tipo. Unos trabajos son más bonitos que otros, pero siguen siendo una pérdida de tiempo.
8. ¿Se imaginan que de verdad el tiempo se parase a su alrededor? ¿Qué harían ustedes? ¿Pintar, como Ben, desnudar a sus congéneres, sacar fotos? ¿Robar, leer libros, cambiar las cosas de lugar, gritar? ¿Empujar objetos, crear obstáculos, eliminarlos, para cambiar el futuro? Tal vez el tiempo esté en realidad parado a nuestro alrededor y solo tengamos que empezar a empujar algun que otro objeto...
9. Al fin y al cabo, ¿cuál es la diferencia entre un supermercado en el que el tiempo se ha parado y un supermercado en el que no lo ha hecho?
10. El inicio del largometraje es un bien precioso... Seguir a Ben a través de las circunstancias que lo llevan al insomnio es un placer que quienes únicamente hayan visto el corto no podrán entender, pero se encuentra entre lo mejor de "Cashback". Es una imagen poética de lo que significa entrar en crisis, una mezcla de shock puntual y una evolución sin sobresaltos que te lleva a un punto extraño en el que ni el cuerpo ni la mente te responden como solían hacerlo. Y tú te ves allí, cuando te das cuenta, en una especie de tierra de nadie sin mucho control, sin poder dirigirte, pero sabiendo que debes seguir adelante y descubrir que es lo que puedes hacer en esa nueva situación. Seguramente Ellis ni siquiera lo planteó así, pero el mero hecho de tener que conducir a Ben a esa situación de trance puso en su cámara esta magnífica imagen de apenas un cuarto de hora.
11. Tal vez las películas necesiten de compañeros de trabajo gamberros y divertidos para no quedar sepultadas en sí mismos. Tal vez la vida de uno también necesite de ellos. Seguro que todo sería bastante más insoportable si no pudiésemos reír de vez en cuando.
12. No importa lo aburrido o lo pequeño que sea el mundo, Sharon puede estar en cualquier sitio. Solo hay que llegar a creerse que Sharon es ella y empezar a hacer tuya esa idea.





























